La oxidación térmica es un proceso que se utiliza para eliminar contaminantes gaseosos que, cuando se oxidan, producen otros que son inocuos o mucho menos perjudiciales. Esta oxidación se consigue aumentando la temperatura de los gases y manteniéndolos calientes el tiempo suficiente para que la reacción de oxidación se complete. Generalmente, esto se consigue a temperaturas superiores a 800 ºC durante un tiempo superior a 0,8 segundos.
Esta técnica suele aplicarse a la eliminación de los compuestos orgánicos, que son transformados en dióxido de carbono (CO2) y agua. Pero también puede aplicarse para la eliminación de compuestos inorgánicos como monóxido de carbono (CO), sulfuro de hidrógeno (SH2), amoníaco (NH3) y algún otro.
Si los compuestos orgánicos contienen halógenos, nitrógeno o azufre, se formarán compuestos secundarios (haluros de hidrógeno, óxidos de nitrógeno o dióxido de azufre) que requerirán un tratamiento de eliminación posterior a la oxidación térmica.
El proceso de oxidación térmica genera un caudal de gases que están a elevada temperatura.
Con objeto de reducir el consumo de energía exterior o de recuperar la contenida en los gases depurados, se recurre al uso de dispositivos recuperadores de calor.
Las distintas formas de recuperar el calor de los gases ya depurados son:
• Precalentamiento de los gases a depurar, instalando un intercambiador de calor gas/gas. Un caso particular de precalentamiento de los gases a depurar que consigue eficacias de recuperación de calor superiores al 92% es la oxidación térmica regenerativa, explicada aquí.
• Calentamiento de aire que pueda ser empleado en el proceso industrial, por ejemplo, para introducirlo en hornos de secado.
• Generación de vapor a alta presión para utilizarlo como medio de calentamiento en el proceso industrial.
• Generación de agua caliente.
• Calentamiento de fluido térmico (calderas de aceite térmico) para utilizarlo como medio de calentamiento.
Estos elementos contribuyen a rentabilizar la inversión económica y a valorizar los compuestos orgánicos presentes en el aire contaminado, ya que la energía desprendida en su oxidación se emplea como energía térmica en el proceso productivo, disminuyendo el consumo energético general de la planta.

Esta técnica suele utilizarse cuando las concentraciones de contaminantes son elevadas (superiores a 8 g/Nm³). De esta forma, se necesita poca energía para conseguir la temperatura de la depuración, ya que el calor generado en la oxidación ayuda.
Estas instalaciones tienen especial interés cuando se puede recuperar calor para el proceso productivo y suelen dar resultados satisfactorios en aplicaciones como:
• Eliminación de compuestos olorosos, incluidos mercaptanos y SH2.
• Eliminación de aerosoles orgánicos que causan penachos visibles en chimeneas (tostadores de café, fábricas de ahumado de carne, horneado de esmaltes, etc.)
• Eliminación de compuestos orgánicos volátiles (COV’s) emitidos por una gran variedad de procesos industriales (pintado de superficies o piezas, impresión en plásticos, tejidos o papel, laminación de madera o plástico, industria química, etc.)
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